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martes, 16 de agosto de 2011

CÓMO BAJÓ EL GANGES DEL CIELO


Hace un año por estas fechas estaba en la India de viaje, donde compré un libro llamado Cuentos tradicionales de Benarés. La ciudad que lleva este nombre -Benarés- es sin duda el lugar que más me llamó la atención de todos los visitados, tal vez por ese río llamado Ganges y todos los rituales que giran alrededor de sus aguas.
Pues dedicado al Ganges y a tod@s l@s que deseéis disfrutar de este maravilloso cuento a continuación os lo transcribo:


CÓMO BAJÓ EL GANGES DEL CIELO

El rey Sagara esperó ansiosamente durante mucho tiempo el regreso de sus sesenta mil hijos. Cuando ya no pudo esperar más, convocó a sus nietos y les pidió que fueran en busca de sus tíos.
Los jóvenes, siguiendo los pasos de sus parientes, se alejaron hacia regiones situadas más allá de la tierra. Y, al igual que ellos, vieron los cuatro elefantes inmortales que sostienen los mundos. Cuando llegó su turno, cada uno de ellos habló a los elefantes y les hizo las mismas preguntas: "¿Sabéis qué les ha pasado a nuestros tíos?", y, "¿habéis visto al caballo que ellos buscaban?".
Pero los elefantes se limitaron a responder: "Conseguiréis vuestro propósito y, con toda seguridad, encontraréis el corcel que se perdió". Respecto a sus tíos y al destino que habían tenido, permanecieron en silencio.
Animados por tales palabras de aliento, los jóvenes continuaron con su búsqueda, y poco después encontraron el lugar donde el caballo estaba pastando. Pero grande fue su sufrimiento cuando vieron que todo cuanto quedaba de sus sesenta mil tíos era un enorme montón de cenizas extendidas por el suelo. Se pusieron a buscar agua por todos lados, para hacer una oblación funeraria, pero no encontraron ni una gota.
Estaban sentados lamentando el duro destino que les privaba incluso de hacer la ofrenda que permitiría a sus parientes entrar en el cielo, cuando apareció ante ellos el ave Garuda, el vehículo de Vishnu, y les pidió que no se apenasen. Les dijo que sus parientes serían muy venerados en un futuro próximo, ya que gracias a ellos el río Ganges descendería de los cielos, que sus sagradas aguas arrastrarían cenizas de los muertos y las llevarían con toda seguridad hasta el cielo.
Cuando los príncipes regresaron a su casa, explicaron a su abuelo cuanto habían visto y oído. El monarca procedió a completar el sacrificio del caballo, que tanto se había retrasado. Pero a partir de ese momento el único objetivo de su vida fue buscar la manera de persuadir al río Ganges a descender del cielo y liberar los espíritus de sus hijos. El rey vivió treinta mil años más, pero murió sin conseguir su propósito. Y se dice que tanto sus nietos como sus bisnietos pasaron grandes períodos de sus vidas practicando el más severo ascetismo, tratando de conseguir el mismo objetivo: hacer que el Ganges descendiera del cielo y liberar así las almas de los sesenta mil hijos de Sagara.
El siguiente en la línea sucesoria fue más afortunado. En el fervor de su devoción, abandonó el reino para dedicarse por completo al logro del objetivo que había obsesionado a cuatro generaciones de su estirpe. Durante mil años estuvo sentado con las manos en gesto de plegaria. No comió más que una vez al mes durante todo ese tiempo. Se rodeó a sí mismo con los cinco fuegos y mantuvo sus sentidos bajo control.
Al final, Brahma se apiadó de él y, acompañado por otros dioses, descendió y le dijo que podía pedirle un deseo. El don pedido fue, por supuesto, que el Ganges pudiera bajar del cielo. Pero Brahma le respondió que si hiciera bajar al Ganges desde el cielo hasta la tierra, tal vez fuera lo último que pudiera hacer por este mundo, ya que la fuerza de las aguas al caer destrozaría todo el planeta.
Sin embargo, existía un ser cuya ayuda podía ser solicitada. Además, Brahma no conocía a nadie con la suficiente fuerza como para hacer lo que iba a pedir. Y así fue cómo se pidió al dios Shiva que permitiera que el Ganges descendiera por entre sus cabellos.
Habiendo concedido el don, Brahma y los otros dioses desaparecieron. Así que el príncipe, cuyo nombre era Bhagiratha, empezó a rezar a Shiva. Durante doce meses permaneció en ayuno y totalmente inmóvil, hasta que su cuerpo no pesó más que una hoja de árbol. En todo el año no tomó ni un solo bocado de comida ni durmió un instante.
Felizmente, al final de ese período de tiempo, comparativamente corto, vino Shiva y le dijo que se sentía tan complacido con su devoción que había decidido hacer lo que Brahma le había pedido: dejar que el Ganges cayera a la tierra deslizándose sobre sus cabellos.
Pero al parecer, la diosa del río no había sido consultada, y, desde luego, no estaba dispuesta a abandonar su morada celestial. Ya que no le era posible desobedecer, decidió causar problemas a su hermano el dios y convertir su vida en un infierno. Así que descendió empujando sus aguas con furiosa violencia contra la cabeza de Shiva.
Pero para castigar a la diosa y calmar su furia, Shiva hizo que las aguas se enredasen entre sus cabellos durante muchos años.

"Repetir su nombre purifica, verlo asegura prosperidad, bañarse o beber sus aguas salva a siete generaciones de nuestra raza. No hay otro lugar de peregrinación tan poderoso como el Ganges…".

Mahabharata


18 comentarios:

patricia piruletadecorazon dijo...

Gracias por la historia
besos

MucipA dijo...

De nada. Un honor compartirla.
Besos!

abril en paris dijo...

¡Qué poético ! Imagino que tendrás muchisimos recuerdos. ¡ Gracias por compartirlo ! Asi es como si viajaramos contigo. :-)

Un besito.

Marcos Callau dijo...

Gracias por traernos aquí este cuento. Muy bonita.

MucipA dijo...

abril en paris:

Pues sí que guardo cantidad de recuerdos que espero perduren con el tiempo y también muchas fotos que, algunas de ellas, ya colgué en el blog.
Lo de este cuento ha sido para intensificar el recuerdo y celebrar que hace un año estaba allí.

Besos ;-P

MucipA dijo...

Marcos Callau:

Gracias a ti por leerlo, sin vuestras visitas no tendría sentido que yo quisiera compartir nada. La gente como tú lo hacéis posible.

Un abrazo!

Juan Ojeda dijo...

Gracias por compartir esta historia; parece que en todas las latitudes Dios huele a capricho,
me has dejado pensando muchas cosas, un abrazo.

Boris dijo...

Gracias por tener el detalle de transcribir este cuento, cuenta una historia mitológica muy interesante

La sonrisa de Hiperión dijo...

Un placer regresar por tu espacio.

Saludos y un abrazo.

Mercedes Ridocci dijo...

Hermosa y evocadora leyenda.
Sus imágenes están cargadas de bellas metáforas.

Un abrazo
Mercedes

Aldabra dijo...

Benarés, que nombre tan bonito y que lejos queda.
biquiños,

Laura dijo...

Muchas gracias por esta historia.

Un saludo.

MucipA dijo...

Juan Ojeda:

Me alegra que esta historia te haya dejado pensativo, Dios y sus caprichos siempre da mucho para reflexionar y, si son muchos dioses, pues imagínate...

Un abrazo

MucipA dijo...

Boris:

Fue uno de los cuentos del libro que me pareció interesante y no me ha supuesto ninguna faena transcribirlo para vosotr@s dada su aceptación.

Gracias por leerlo.

MucipA dijo...

La sonrisa de Hiperión:

Un placer contar con tu visita de nuevo.

Un abrazo

MucipA dijo...

Mercedes Ridocci:

Todo lo que está relacionado con Benarés y el Ganges desprende una belleza muy evocadora.

Gracias por la visita.

Un abrazo

MucipA dijo...

Aldabra:

Lejos y especial, nunca olvidaré este lugar.

Biquiños.

MucipA dijo...

Laura:

De nada, encantada de compartirla contigo.

Un abrazo