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martes, 8 de diciembre de 2009

Gaudeamus Ensemble

El pasado Viernes 5 de Diciembre estuve con majaranda (quien a veces ha escrito algún comentario en este blog) en un concierto en el Palau de Altea, escuchando al quinteto de cuerda Gaudeamus Ensemble (de Milán), que interpretaba obras de Mendelssohn y Brahms.
A lo largo del concierto nos llamaron la atención una serie de cosas, que puedo resumir en tres. La primera, nada más entrar, era la media de edad que acudía al concierto, que bien podía estar por encima de los sesenta años (esto tampoco es de extrañar, pues esta es la media de edad en el 80% de los conciertos del Palau de la música de Valencia). La segunda, la gran compenetración que había entre los intérpretes y la sincronización de los arcos, ya que se notaba que tenían bien decidido y estudiado cuándo tocaba interpretar un sonido arco arriba y cuándo debía ser arco abajo, lo que daba también una buena sensación a la vista. La tercera cosa que nos llamó la atención fue la gran flexibilidada de dos de los intérpretes para cambiar de instrumento (del violín a la viola), ya que dominaban ambos instrumentos por igual, lo cual no deja de ser admirable, y pudimos percartarnos de que cambiaron de instrumento entre la primera y la segunda parte.



En cuanto a lo que estaba comentando sobre el hecho de que resulta estético a la vista la sincronización de los intérpretes y la utilización de los mismos arcos, sobre todo en pasajes en que se toca al unísono o de cara a un final de obra o movimiento, también debo añadir que hubo un hecho que no resultaba tan estético a la vista, y era la diferencia de movimientos corporales entre unos intérpretes y otros. Siempre se nos ha dicho a los que en alguna ocasión somos intérpretes que hay que expresar con el cuerpo al mismo tiempo que tocamos una obra y que no debemos permanecer estáticos. Bien, pues, en este quinteto había una gran variedad de actitudes con respecto al modo de tocar, en concreto había uno de los intérpretes que, a mi parecer, realizaba movimientos excesivamente exagerados, hasta el punto de llegar a imaginarnos que iba a golpear con el arco al compañero de al lado y otro tipo de cosas, que hacían que inevitablemente la atención se centrara casi todo el tiempo en este componente del quinteto (además que antes de comenzar la segunda parte dicho intérprete tuviera que volver a entrar a coger las partituras, pues había salido al escenario sin ellas). En definitiva, creo que todo está bien en su justa medida, ni debemos permanecer estáticos ni tampoco resultar exagerados, aunque con esto estoy tirándome piedras a mi propio tejado, porque todos tenemos nuestros propios “tics” cuando cantamos o tocamos un instrumento, y yo tampoco soy la más sonriente cuando canto en el coro ni la que más se esfuerza por bailar al ritmo de la música mientras cantamos (pues esto todavía no me sale de forma espontánea), y es que es más fácil hablar que actuar.

4 comentarios:

Noe dijo...

Hola Mucipa!
Lo primero que quería hacer es disculparme, ya que últimamente he estado un poco liada y tenía tu blog un tanto abandonado.

Crowley, por la misma razón tampoco he podido visitar el tuyo en profundidad, pero sí le he echado un vistazo rápido y en cuanto tenga tiempo me sumergiré un poco más en su lectura.

Iba a poner una crítica (constructiva) respecto a lo de "hay que expresar con el cuerpo al mismo tiempo que tocamos una obra y que no debemos permanecer estáticos".

Pero he visto que al final del escrito tu misma lo has admitido.

Muy bien, ese es el primer paso! Ahora poco a poco serà más fácil.
Ánimo, suéltate y déjate llevar por el ritmo (pero con moderación, tampoco es necesario que vayas pisando a tus compañeras de coro)

Mi opinión es que un "intérprete" que se mueve al ritmo de la música, que siente lo que está tocando y es partícipe de esa magia, hace que el público no sean meros espectadores y/u oyentes. Transmite mejor, les ayuda a meterse en ese mundo artístico y a disfrutar de él.
También es verdad que como suele decirse "los extremos nunca son buenos". Probablemente tantos movimientos en ese componente del quinteto hace que fijes más tu atención en él que en lo que estás escuchando. Todo es perfecto en su justa medida.

Pero ésta es mi opinión y ya se sabe que "para gustos, colores".

Nos vemos el dia 12.

P.d: Podrías publicitar un poco más las actuaciones de los grupos a los que perteneces (ejem, ejem...)

MucipA dijo...

Hola, Noe!
Tienes razón, tendré que hacer un poco de propaganda del Grup Polifònic Ars Nova, jeje.
A ver si preparo una entrada para el fin de semana...
No te preocupes si no puedes entrar porque estás ocupada, yo también he tardado en poner la última entrada por estar ocupada poniendo las notas de mis alumnos...
Estoy de acuerdo en todo lo que has añadido al respecto de la interpretación y los movimientos corporales.
Gracias una vez más!
Saludos!

majaranda13 dijo...

Hola,Mucipa! bien,tu resumen de los movimientos és un poco..."difuminada".Voy a intentar reproducir,eso si,en palabras,lo que el "grandioso..primer violín" hacia.
En primer lugar,se trataba de un chico de unos...40?mas o menos,con melena "guitarrera",o sea...largo de un lado y peinado hacia el otro para cubrir la calvicie.Como podreis inmaginar,con cada movimiento antinatural(que eran muchos)su brillante melena se desplazaba hacia el lado...INOPORTUNO! Os puedo asegurar que tocaba tan bien como interpretaba el anuncio de algún champú! saludos.

Crowley (www.tengobocaynopuedogritar.blogspot.com) dijo...

Estimada Mucipa, voy a opinar algo a pesar de que mi desconocimento por este tipo de música es más que evidente. Para mi, personalmente, sería muy difícil tocar un instrumento (en caso de saber) y gestualizar la música al mismo tiempo porque alguna divinidad creadora, a la hora de crearme, se olvidó de darme sincronizidad yme hizo bastante patoso (amen de olvidarse de alguna cosa más como una buena vista y los músculos, que en mi físico brillan por su ausencia). Cuando he tenido ocasión de ver algún concierto de música, me gusta que el músico gestualice en su justa medida, que ni parezca que se va a desencajar o caer, ni que se mueva tan solo para llegar y marcharse.
Saludos estáticos