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jueves, 2 de septiembre de 2010

Nuestro relato (resultado final)

Como prometí antes de irme a La India, a partir del 1 de Septiembre tenía que publicar el relato completo que vosotros iríais inventando a través de vuestros comentarios. Pues aquí llega el resultado final, que a mí personalmente me ha encantado y, he de decir, que me ha resultado muy complicado poder crear un final para una historia tan interesante y con material para crear prácticamente una novela. ENHORABUENA a todos y gracias por vuestra participación a un nivel tan alto.
Próximamente publicaré una selección de fotografías de mi viaje a La India, que ha sido una experiencia inolvidable y muy gratificante que quiero compartir con tod@s vosotr@s.
Pero ahora vamos a lo que toca, a continuación os presento la historia completa para que me digáis qué os parece.


Aquella noche Naima se acostó dándole vueltas a una frase que unos minutos antes había pronunciado por teléfono un buen amigo con el que solía tener largas charlas cuando ambos lo necesitaban. Cerró los ojos y recordó:
- Ten fe en tus principios.
Sonrió, se durmió enseguida y al día siguiente no recordaba lo que había soñado.
Se levantó más temprano que habitualmente, se dirigió descalza hacia la cocina de su pequeño piso de alquiler y supo que ese día, como todos los demás, no tomaría café mientras leía el periódico, ni cocinaría ningún plato especial, pues del café sólo le gustaba su aroma, no tenía costumbre de leer el periódico y, además, odiaba cocinar.
Desayunó leche con cereales, se vistió, bajó los escalones de dos en dos y desató su bicicleta de la farola que había delante de su casa. Se dirigió hacia... casa de su amigo, llegó, pero no sabía qué hacer. Estaba insegura porque la frase de la noche anterior le había marcado y tenía que pensar cómo agraderle a su amigo ese buen consejo que le dio. Después, sin haber hablado con él, regresó a su casa.
De vuelta a casa se sentó directamente frente al balcón y se quedó allí, inmóvil, mirando hacia la luz que ya comenzaba a ser intensa. Así estuvo esperando, como habitando una casa deshabitada, sin hacer nada, aguardando algún signo inesperado y nuevo. Le ocurría en ese momento necesitar de esa actitud, ese posicionarse de nuevo por primera vez, como si tratara de poseer a alguien o de que le poseyeran. Jamás se había sentado en ese lugar y esto hizo que todo le pareciera distinto. "Ten fe en tus principios" volvió a recordar. No sentía miedo de perder esa fe, era sólo que necesitaba cambiar de aires, hacer alguna locura, perder quizá otros miedos. De pronto, en el silencio de aquella visión, sintió por fin algo claro, como un mordisco en su cabeza, como si alguien hubiera gozado de una firme dentellada en la fruta de su conciencia. Naima sonrió, apretó los puños y salió decidida de su casa. Salió en busca de aquel mordisco, ¿y quién sabe? quizá pudiera ella misma también gozar su jugo.

Sí. Al fin lo veía claro.
Mientras pedaleaba con energía hacia casa de Juan, en su mente se iba abriendo paso una idea cada vez más firme: su pueblo...iría a su pueblo. Sus raíces. Sus principios.

Al fín y al cabo era verano y no debía volver al colegio donde impartía clases de Literatura hasta Septiembre. Disponía casi de un mes para disfrutar de su pueblo al que no había regresado en más de diez años y para intentar aclarar su mente y su corazón.

Cuando Juan abrió la puerta, Naima, sonriendo le dijo:

- Vente conmigo a El Valle.

El Valle...

El pueblo de Naima hacía tiempo que había dejado de existir. Sólo quedaba lo que llamaban "El Valle" el nombre de una secta peligrosa condenada en varios países europeos, a la que pertenecía Juan.

Naima vivió tiempos mejores. Había perdido el hijo que estaba esperando y que había decidido tener sola.
Su trabajo ya no le motivaba. Sus alumnos resultaban demasiado predecibles y hacía mucho tiempo que habían dejado de ser un reto.
Se había estado sintiendo muy vacía hasta esa llamada de Juan. Albergaba demasiadas esperanzas en él.
Hubo un tiempo en el que estuvieron enamorados. Un amor intermitente en el tiempo y sin resolver. Pero todo iba a ser diferente.

-"Ten fe en tus principios" fue el final de una conversación que no olvidaría. Su ingreso en la secta sería inminente.

Pero Juan ya no era el mismo. Juan tenía dudas. Juan se hacía preguntas. Naima era el rayo caído del cielo, la claridad de la luna llena en una noche de lobos.
Nada estaba decidido. Es más, todo estaba por hacer.
Confabularon, quedaron, y se fueron. Se merecían otra cosa. Saldrían con uñas y dientes. Libres.

De algún extraño modo, Naima pensaba que en el interior de aquellas paredes, de aquel recinto sagrado de sanación espiritual, podrían alcanzar la ansiada libertad. Eso pensaba.
Según cuentan, la "Abadía de Rememberless" la fundó el viejo Alesteir dos siglos atrás, tras la plaga de Rememberless que asoló el planeta. Los Rememberless eran una especie de invertebrados no mayores que un guisante, parecidos a un ácaro, que se alimentaban de recuerdos humanos y que la Iglesia regalaba al entregar, tras la confesión semanal obligatoria, el vale que atestiguaba que habías escuchado 50 sermones.
En un primer momento se había pensado emplearlos para que se alimentaran de los recuerdos de pecados de los feligreses, solo que la cosa se les fue de la mano y comenzaron a chupar de la mente de manera indiscriminada y dejaron a mucha gente sin recuerdo alguno.
Esos "enfermos" se refugiaron en este Templo.

Cuando llegaron a la puerta, Naima se paró y miró al hombre que custodiaba la puerta.
Después supo que se llamaba Barnum. Barnum era mentalmente complicado, contradictorio y ciclotímico. Desprendía un aire de tristeza que inducía a pensar que sufría en secreto; era una histérica autocompasión con piernas. Una auténtica vivencia amarga. Su rostro, escullido por profundas arrugas, acentuaba sus salientes pómulos descarnados. Su mano derecha estaba cubierta por un guante negro de terciopelo que no se quitó nunca en los dos años que Naima estuvo allí; el motivo de por qué lo llevaba no lo supo nunca y jamás se atrevió a preguntarlo. Gustaba de fumar finos cigarrillos de tabaco que él mismo cultivaba en el huerto que había detrás de la biblioteca y que guardaba con solemnidad en una pitillera dorada que tenía grabadas inscripciones cabalísticas desconocidas para alguien como Naima. Solía encenderlos muy despacio, mucho, como si poseyese la capacidad de ralentizar su velocidad natural y de cuanto le rodeaba. Los fumaba en soledad, como casi todo lo que hacía, aspirándolos profunda y pronlogadamente para, una vez almacenado el humo en sus pulmones durante interminables segundos, soltar el aire violentamente para formar, con el humo alquitranado, extrañas figuras cabalgadas por corpúsculos luminiscentes...

Estaba ensimismada en sus pensamientos cuando una voz le despertó de su estado.
-"Veo la melancolía en tus ojos"- le dijo un hombre de unos 223 kilos ataviado con un bañador y con una tabla de surf bajo su brazo.

-Tú ahora nos perteneces.

Y aquel gordo dejó que su bañador rodase hasta las rodillas mientras un coro de hombres y mujeres comenzaron también a despojarse de sus ropas.

Juan desvistió a Naima que se disponía a sentir placer carnal con todos y cada uno de los miembros de la secta. Mientras, él la observaría. Una idea que resultaba de lo más excitante para ella. Uno de sus tantos juegos sexuales, en realidad.
En la universidad, Naima había tenido experiencias lésbicas, había participado en tríos e incluso fue una buena aprendiz del arte del Bondage. Matías, un viejo profesor que casi le triplicaba su edad, la convirtió en su esclava sexual, por lo que Naima entendía bastante de sumisión. Y aquello sólo era otra prueba mas por la que tenía que pasar para alcanzar el estatus de Ama.

Juan estaba muy excitado al ver cómo uno de los hombres más dotados del lugar la penetraba salvajemente por detrás sin que Naima suspirase o jadease, aguantando estoicamente cada una de las embestidas con la mirada perdida.

Juan descubrió, semanas después, que todo aquel maremagnum de cuerpos deseantes que había visto tan claramente no había ocurrido nunca. Al menos en la realidad. Se dio cuenta de ello a los 21 días de estar allí, cuando, en el comedor común, en la cola de gente que esperaba la comida, tuvo la visión de todos los allí presentes abrazando la carnalidad más absoluta. Le explicaron, Denisse la cocinera bizca y cejijunta especialista en croquetas de jamón, que todo aquello no era sino obra de Barnum; por lo visto, el viejo portero del complejo, había sido director porno en su ya lejana juventud y, debido al empleo excesivo de alucinógenos indígenas amozónicos, desarrolló la capacidad telekinética de transmitir sus impíos pensamientos a quien deseara. Le parecía divertido ver los embobados rostros de sus involuntarios conejillos de indias.
Ante lo ocurrido, se le olvidó coger la comida y salió al exterior a respirar aire fresco.
No llevaba ni dos minutos sentado, cuando un ensordecedor estruendo hizo que su corazón cabalgara velozmente.
Alzó la vista y abrió la boca hasta casi desencajarla.
Del cielo caían estrellas hasta el suelo que se veía allá en el horizonte.

Asombrado completamente, sin poder reaccionar todavía, Juan pensó de pronto que quizá seguía bajo los efectos de la telekinesis del viejo portero Barnum. Pero una de aquellas incandescentes maravillas que se desprendían de la bóveda celeste fue a caer no muy lejos de sus asombrados ojos, y fue tal el impacto que todo se estremeció y el aire de la noche se agitó como bajo un huracán inesperado. Juan sintió de pronto la necesidad de adentrarse en la intensa luz que provocó aquel astro y se dirigió hacia allí sin pensar, como atrido por un imán.
Al llegar junto al crater, de entre las intensas llamas surgió una figura. Cuál no sería su sorpresa cuando descubrió en aquella silueta el cuerpo y el rostro de Naima. Naima ascendía desde el crater y se aproximaba a su desconcertado amigo.

-¡Naima!... ¿qué...? ¿qué haces aquí?...

Pero Naima no le respondió. Se acercó aún más y se le quedó mirando fijamente. Iba totalmente desnuda pero su piel era blanca y brillante como el esmalte. Entonces ella se puso a acariciarle el cabello mientras le sonreía, y en ese momento sucedió algo sorprendente.

Cuando él fijó su mirada en esos ojos negros, tan oscuros como la noche, le invadieron todos los recuerdos de tiempos pasados.
Comprendió que todavía sentía algo por ella, que todo lo que él creía olvidado, todos esos sentimientos que se había esforzado por enterrar con sólo una mirada habían resurgido.
Ella le acarició y Juan notó como se erizaba todo su vello, sintió una sensación ya conocida. Un cosquilleo que sólo una persona había conseguido despertar en él, Naima. Deseaba besarla, pero ¿sería eso un error? A ella no parecía importarle, parecía totalmente decidida a lanzarse y dejar que la magia de esa noche decidiera por ellos.
Hacía años que la conocía, y esa no era su forma de actuar. Tal vez el tiempo que habían pasado en "El Valle" la había cambiado, pero ¿por qué él no se había dado cuenta hasta ahora?
En su mente se arremolinaban miles de preguntas. Se sentía como ausente, no sabía cómo actuar ante aquella situación.
Su mente intentaba racionalizar, no dejarse llevar por el deseo, pero ver de nuevo el cuerpo desnudo de Naima le excitaba y le paralizaba al mismo tiempo.
En su mente sólo retronaba un eco.
Naima, Naima, Naima...
Tan segura de sí misma con esa mirada penetrante, tan hipnotizadora bajo aquella luz artificial que rodeaba su cuerpo.
Parecía todo tan irreal...

Pero no lo era...
Eran estrellas que caían del cielo y al contacto con el suelo se convertían en deseos.
Deseos hechos realidad. Pero para Juan le era suficiente con aquel regalo tantas veces deseado.
Naima... su Naima.
En aquel momento se dio cuenta que algo en su mente había sido borrado, por eso llegaron a "El Valle", como enfermos sin recuerdos. En aquel momento decidió que quería recuperar todo lo perdido, lo que le arrebataron de su mente.
Era la única forma posible de entender qué pasó realmente entre él y Naima. Le esperaba un largo y peligroso camino.

"Todos dicen que debiera sentir algo con tu adiós, pero al contrario, pienso que ya no doy más... entregué mi todo, hoy recibo la nada... mi corazón en lo más profundo... se ha muerto...". Estas palabras retumbaban en la cabeza de Naima.

En ese momento, Naima se despertó sobresaltada. Junto a ella Juan seguía durmiendo plácidamente. Se sentía molesta. Recordaba vagamente que había soñado cosas extrañas...un personaje llamado Barnum, sectas satánicas.....la culpa de todo la tenía Juan que se había reído de su tortilla mental acerca de la fe en sus principios y la invitó una pirula con unos tragos de guisqui.
Se enfadó con ella misma y con Juan. Le soltó un sopapo y éste se despertó gruñendo.
- ¿Se puede saber qué mosca te ha picado, Naima?
- Mira que tienes cara, tío. Eres el mismo de siempre. No te implicas en nada y utilizas a los amigos como si fuesen un pañuelo con el que secarse. Eres lamentable.
- Pero bueno, ¿no querías tú tambien?- Perdona chica si te he ofendido, pero me parece que te estás volviendo un poquito histérica.
Juan le dió un pellizco y se levantó de un salto. Era alto y delgado. Sus movimientos eran como los de un gato. En el fondo Naima tenía debilidad por Juan e intuía que en él encontraría la respuesta a esa desazón sobre sus principios.
- Te invito a correr en bici para despejarnos ¿te mola?- le dijo Juan con una sonrisa irresistible.
- Supongo que tendremos que vestirnos ¿no te parece?
- Tampoco es mala idea que corramos desnudos.
Una ola de deseo la rodeó, pero no dejó que la dominara. En el fondo sabía que era una hedonista sin escrúpulos, de ahí su desazón.
Ambos salieron al hermoso día y un suceso inesperado vino a ponerla en línea con lo que venía rondando su mente.....

¿Y si todo era un sueño? Pero no, el deseo, la necesidad de oírle... de entenderle era tan real... una cuestión física y espiritual. Una de esas obsesiones que te persiguen...

Habían pasado dos días y todo había quedado olvidado. Naima no se había separado de Juan en todo ese tiempo a pesar del incidente con las drogas alucinógenas.

Como cada mañana, ella se disponía a seguir el ritual de siempre para con su higiene personal. Aunque se saltaría la rutina. Esa mañana iba a recrearse mirándose al espejo. Hacía tiempo que no se sentía tan bella y mientras canturreaba, iba despojándose de su ropa para verse en todo su esplendor.

Un grito estremecedor despertó a Juan y fue corriendo al cuarto de baño a auxiliar a Naima. La mujer estaba en pie llorando. Juan no supo lo que le ocurría hasta que ella no señaló su abdomen. Algo parecido a un par de branquias completamente simétricas, de más de quince centímetros, habían aparecido a ambos lados de su ombligo.

Juan comenzó a gritar, mientras Naima arrancaba su ropa para comprobar que él estaba bien. Pero los aullidos de los dos se entremezclaron porque él también tenía exactamente lo mismo.

¿Mutaciones?
Fue lo primero que se les vino a la mente. Primero alucinógenos, luego la lluvia de deseos y ahora estaban sufriendo algún tipo de mutación.
¿Qué estaba pasando?
La primera reacción de Juan fue correr a casa del viejo jardinero. Simón era uno de los cinco primeros enfermos en llegar a " El valle", nadie conocía su verdadera edad pero todos lo conocían de siempre. Se trataba de un hombre tranquilo, alto, y con la suficiente piel para recubrir sus viejos huesos. Al igual que todos los residentes del lugar, Juan encontraba siempre respuestas a sus dudas y problemas... hasta ese día.
A medida que se acercaba a la cabaña del viejo, escuchó varias voces que provenían de su interior. Voces que discutían acaloradamente.... algo inusual en el carácter del jardinero. Esto le hizo retroceder unos pasos y esconderse tras el alféizar de una de las ventanas.
Con la atención puesta en la conversación, pudo distinguir la voz de Padre, así és como llamaban a su líder.
-¿Es que no lo entiendes, maldito viejo?
- No puedo decirte algo que no sé! Contestó Simón.
- Pues tienes que enterarte! La lluvia de deseos sólo se produce cuando alguien quiere recordar, y como bien sabes...... aquí eso está prohibido.

Ahora Juan ya lo entendía todo: habían sido castigados por intentar evocar sus recuerdos pasados más queridos.
- ¡Shock!- gritó sin que de su garganta saliera sonido alguno.
Corrió hacia el bosque aunque su cabeza seguía bajo el alféizar, tapó sus oídos, cerró sus ojos, no podía ser cierto.
Cuando sus piernas ya no quisieron responderle, Juan se vio en medio de la nada. Sólo había árboles, pájaros, piedras, barro. De repente las mutaciones desalojaron su cabeza para dejar sitio a otra preocupación: cómo llegar a casa para sentarse junto a Naima, su Naima. Tenían que salir de ese lugar. Fuese como fuese, costase lo que costase. Ellos dos tenían el derecho a recordar y allí no podrían conseguirlo nunca.

Juan, de repente, vio cercano el momento de sentarse en casa junto a Naima, su Naima.
Por fin pudo ver cómo ella abría los ojos después de 18 horas de larga espera en la habitación de aquel hospital donde Naima había dado a luz a una preciosa criatura, poco tiempo después de salir con su bicicleta de casa y sin tener tiempo de llegar a casa de Juan. Las fuertes contracciones le hicieron perder el control de la bicicleta y un golpe en la cabeza hizo que perdiera el conocimiento.
Ahora Naima se encontraba junto a su amigo Juan sin recordar cómo había llegado hasta esa cama de hospital. Ella miró a Juan con cara de confusión y éste le sonrió. Sus miradas se cruzaron un instante y ambos fueron interrumpidos por el sollozo de un bebé que una enfermera sostenía en sus brazos.
El sueño de Naima - no compartido por su familia, pues no comprendían cómo podía quedarse embarazada de alguien a quienes ellos prácticamente consideraban como el hermano de Naima - de tener aquel bebé fruto de algo más que una prolongada amistad con su amigo Juan, por fin se había hecho realidad.
La fe en sus principios hizo a Naima fuerte para seguir adelante con el embarazo que tuvo como desenlace aquel momento mágico que, en ese preciso instante, la convertía en la persona más feliz.
- ¿Cómo se va a llamar? - le preguntó Naima a Juan con cara de alegría.
Juan miró al bebé, lo cogió en sus brazos y respondió:
- Le podríamos poner Simón.


FIN

15 comentarios:

MIDAS dijo...

Ha sido muy divertido, porque mientras algunos pintaban ciertos paisajes bucólicos, otros necesitábamos girar hacia la ciencia ficción y por qué no... Poner una buena dosis de sexo. Porque los relatos sin sexo, son como la comida sin sal.

Crowley dijo...

Ha quedado muy bien, a pesar de nuestras idas de cabeza... Como dice Midas, algunos tenemos querencia por la ciencia ficción.
Un saludo y bienvenida.

Xibeliuss dijo...

Te ha dado la lata esta entrada, ¿eh, Mucipa? Ha quedado muy bien y el cambio de imagen, para mejor.
Un abrazo

ANRO dijo...

¡Menos mal!....Pude leerlo enterito, pero fui a colocar mi comentario y ¡plaf! de proto tu página se evaporó en las tinieblas de la bloguería....Durante todo el día de ayer estuve intentando volver a conoctar, pero no hubo forma..

Ya te tomaste trabajo para formar un relato lógico con todas nuestras paridas. Creo que ha sido un buen experimento y el mayor mérito ha sido tuyo. Sin tu toque creativo todo hubiera quedado en un caos.
Un abrazote.

abril en paris dijo...

Realmente de locos...ja ja. Al final resulta que cualquier idea se puede acercar y formar un todo.
Es como algunas historias de pelicula que no hay quién las entienda ¿ todo ha sido un sueño..?

( Esperamos ver esas fotos del viaje pronto )

Un besito :-)

MucipA dijo...

Hola, Midas!
Fue para mí muy divertido observar cómo la historia iba cambiando en función de la persona que escribía en cada momento.
Ha sido un experimento interesante y muy enriquecedor para conoceros un poco más.
Saludos

MucipA dijo...

Hola, Crowley!
La verdad es que la cosa empezaba a ponerse interesante justo cuando tenía que terminar la historia, pero me ha gustado conocer vuestras idas de cabeza.
Gracias por tu aportación

MucipA dijo...

Hola, Xibeliuss!
Me ha costado un poco esta entrada porque estaba empeñada en insertar el "Leer más" dichoso, jejeje
Me alegra que te guste el nuevo look.
Un abrazo

MucipA dijo...

Hola, ANRO!
Perdón por marearte con esta entrada, es que estuve un día entero intentando colocar el "Leer más" y tuve que suprimir la entrada porque no me salía. Disculpa las molestias...

No creas que ha sido fácil buscar un final, de hecho, no sé si ha quedado algo lógico o no pero, sea como sea, me ha gustado compartir este relato con tod@s vosotr@s y te agradezco mucho que hayas participado.
Un abrazote

MucipA dijo...

Hola, Abril!
Sí, al final todo ha sido un sueño, jejeje, una auténtica locura...
Pero pienso que estar loc@s en este sentido no está nada mal...
Ha sido un caos bonito.
Un beso :-)

Boris dijo...

me parece muy original la idea que tuviste y entre todos hicisteis un gran relato.
yo no participe porque se me dan mal este tipo de cosas y mi aportación habria estropeado un poco la cosa

MucipA dijo...

Hola, Boris!
Me extrañaba que no participases y no creo que tu aportación estropease la historia, a veces cosas que creemos que no se nos dan bien pueden dar resultados sorprendentes...
Gracias por estar siempre ahí y por valorar el resultado final.
Un saludo

Aldabra dijo...

siempre es un placer participar en este tipo de cosas.
biquiños,

MucipA dijo...

Hola, Aldabra!
Muchísimas gracias por participar.
Gracias a ti y a tod@s l@s que colaboran como tú esta propuesta se ha hecho realidad.
Biquiños

Amelia Díaz dijo...

Ha sido muy divertido...y el relato ha quedado genial !!!
Además, he conocido a gente muy interesante.
Tuviste una idea maravillosa.

Besossssssssssss